Rubén Dario Galloza. Artista Plastico, Poeta, uno de los artifices del Primer Desfiele Oficial de las Llamadas
Exactamente cien años del nacimiento de Rubén Darío Galloza en Montevideo se cumplen hoy.
Un siglo desde que llegó al mundo este hombre que no fue simplemente un pintor, sino que fue un testigo, un custodio y un militante de la memoria afro. Fue un hombre que dibujó con pinceles lo que otros callaban con palabras, y que habló con convicción lo que muchos todavía no se animaban a escuchar.
Hoy, desde su Organización que él también ayudó a sostener, ACSUN lo recuerdamos.
Galloza fue, ante todo, un hijo genuino del Barrio Sur. Durante muchos años vivió sobre la calle Durazno, una arteria que en su memoria y en su obra no era solo una dirección, sino un escenario vivo. Allí, entre las esquinas donde el eco de los tambores rebotaba contra las fachadas de los conventillos, Rubén Darío aprendió a observar la cultura de la comunidad afromontevideana, plasmando en su lienzos la danza, asi como la mirada en retrospectiva de las Salas de Nación y el origen oculto del Tango con raices africanas
Hijo de una historia doble, la africana y la italiana, Galloza hizo de esa mixtura el eje de su sensibilidad. Su formación artística no fue aislada, se nutrió de los talleres de maestros de la época donde aprendió las técnicas del color y la composición, pero sobre todo, su gran escuela fueron las décadas de escuchar a los adultos mayores de la comunidad.
Registró con ojos de artista y corazón de militante lo que se estaba perdiendo. Como él mismo contaría años después en las reuniones de su taller, leímos a los autores que consideramos clásicos, pero Galloza los enriqueció con su conocimiento vivencial y los testimonios de negros viejos que fueron sus informantes. Ese archivo vivo que él construyó en la calle Durazno es hoy irreemplazable.
Sus inicios y el Salón Ramón Pereyra
Su ingreso al circuito artístico formal fue un acto de identidad y resistencia colectiva desde el principio. Una de sus primeras muestras de verdadera relevancia ocurrió en el Salón Ramón Pereyra, una instancia emblemática organizada y respaldada por ACSUN.
Este salón no fue un hecho menor para un joven Galloza, representó su plataforma de lanzamiento y un espacio de trinchera cultural donde, por primera vez, junto con otros artistas plástico de raíz afrodescendiente reclamó un lugar en los circuitos formales del Montevideo de la época.
El artista múltiple: pinceles, palabras y voces
Es importante resaltar que fue poeta y artista plástico, una dimensión integral de su quehacer creativo. Lo que muchos desconocen es que Galloza no fue solo pintor. Fue también escritor y poeta. Figura en el Catálogo Biográfico de Autores Uruguayos de AGADU y en Plásticos Uruguayos de la Biblioteca del Poder Legislativo de 1975.
Galloza también habló. En los salones de ACSUN organizó charlas y conferencias sobre la cultura afrodescendiente en Uruguay, en tiempos en que ese tema no tenía espacio en la academia ni en los medios. Lo discutió con la comunidad, lo puso en palabras accesibles y se convirtió en un artista plástico e intelectual afro uruguayo.
Una de las obras que mejor ilumina esta dimensión intelectual es el libro Postales del Candombe, que reúne sus ilustraciones junto a textos que surgieron de una experiencia colectiva en su taller de los jueves junto al escritor Juan Antonio Varese, plasmando gráficamente la historia de las escenas de coronación de los reyes Congos y Angolas.
El artífice de las Fiestas Negras y la verdad histórica del desfile
Como Secretario General de ACSUN, Galloza no se limitó a crear arte, sino que construyó una profunda institucionalidad. A mediados de la década de 1950, en un contexto social hostil donde el candombe era estigmatizado y perseguido por el racismo policial, la Directiva de ACSUN dio una batalla cultural sin precedentes. Rubén Darío Galloza fue el cerebro intelectual de las Fiestas Negras, un ambicioso proyecto diseñado junto al Presidente Oscar "Pocho" Larraura, , y referentes clave de nuestra directiva como José María Natal, Leandro Pereira, Orosman Etcheverry y Julio Olivera.
La propuesta original buscaba la soberanía sobre el calendario espiritual afro, concibiendo una celebración autónoma en honor a San Benito y San Baltasar que se extendería desde el 24 de diciembre hasta el 6 de enero, con escenarios en Conventillo Medio Mundo y en Ansina (Barrio Reus al Sur )
El camino hacia la oficialización tuvo su hito fundacional en el verano de 1955, cuando los propios militantes de ACSUN, valiéndose de cuerdas, acordonaron la calle Isla de Flores para realizar el primer ensayo experimental de las Llamadas. Este despliegue de autogestión y disciplina comunitaria cristalizó finalmente el lunes 27 de febrero de 1956, fecha del primer Desfile Oficial de Llamadas. Bajo la supervisión organizativa de ACSUN y recorriendo los barrios Sur y Palermo, marcharon las ocho comparsas pioneras que establecieron el cimiento de este patrimonio histórico.
Morenada, con la elegancia del Barrio Sur, Fantasía Negra, el estandarte de Palermo que selló un histórico empate en el primer puesto con Morenada.
Hijos de Ansina, Guerreros Africanos, Los Tamborileros, La Candombera, Armonía Negra y un octavo componente que completaba aquella delegación fundacional.
Además de coordinar el desfile y resguardar los criterios de fidelidad folclórica con jurados propios versados en la madera, la directiva impulsó en este marco la creación de la Reina de las Llamadas. Una figura que, tal como defendía la emblemática lideresa Doña Amanda Rorra, no nació como un objeto de consumo estético, sino como una reivindicación política y cultural de la mujer negra como centro de la comunidad. Lo que hoy es un fenómeno masivo y turístico nació de la estrategia, el cuidado y la resistencia intelectual que Galloza y ACSUN supieron sembrar en el asfalto.
El artista en el continente: de La Boca al mundo
Entre 1970 y 1990, Galloza vivió una etapa de emigración que lo llevó a residir en Chile, Argentina, Brasil y Venezuela.
Fue un pintor sumamente reconocido en el emblemático pasaje de Caminito, en el barrio de La Boca en Buenos Aires, donde su pincel capturó la vida portuaria y tanguera con la misma destreza y vibración con la que pintaba el candombe en Montevideo.
Lejos de Uruguay pero nunca lejos de sus raíces, participó en muestras colectivas e individuales que dejaron parte de su obra en museos y colecciones particulares internacionales de Nueva York, Alemania y el continente africano.
Al igual que Pedro Figari, con quien suele comparársele por su visión del Uruguay afro, Galloza tuvo una proyección continental que lo convirtió en un artista afrouruguayo con voz propio en el diálogo cultural latinoamericano.
La casa de todos: Lorenzo Carnelli 1142 y el mural histórico
Antes de partir al exterior, Galloza ya había recibido su primer gran reconocimiento institucional: en 1962, su acuarela Figura obtuvo el Tercer Premio, Medalla de Bronce, en el XXVI Salón Nacional de Uruguay.
Sus obras integran hoy las colecciones permanentes del Museo Nacional de Artes Visuales MNAV y del Museo Municipal Juan Manuel Blanes. Pero él siempre volvía a sus raíces.
Cuando regresó a Uruguay en 1990, retomó su producción con renovada fuerza y dejó en nuestra casa lo que puede considerarse su legado más visible y sagrado, el gran mural pintado el 10 de agosto de 1991 en homenaje al aniversario de ACSUN, emplazado actualmente en nuestra sede de la calle Lorenzo Carnelli 1142.
Ese mural no es solo una obra de arte, es una declaración de pertenencia y una firma en la pared de la casa que él mismo ayudó a construir con décadas de militancia. Su impacto ha sido tal que fue utilizado como tapa oficial del Día del Patrimonio en Uruguay cuando la jornada se declaró en homenaje a la cultura afrouruguaya, además de convertirse en la portada de varios libros e investigaciones esenciales que indagan en el legado y la historia de los afrodescendientes en el país. El mural incluye inscripciones que el artista dedicó a la organización y a su legado: "ACSUN, un siglo de historia viva, en memoria de nuestros ancestros y el orgullo de nuestra raza".
Cristina Guadalupe: la que guardó la llama
Cristina Guadalupe fue su compañera de vida. Durante más de cincuenta años, la señora Guadalupe estuvo a su lado. En las exposiciones, en los viajes, en los jueves del taller y en los salones de ACSUN. Fue su sostén constante, la que conocía mejor que nadie el origen de cada trazo.
Cuando Galloza partió, Guadalupe tomó la firme decisión de no dejar que su obra durmiera. Se convirtió en la guardiana de su legado, gestionando espacios y llevando los cuadros a donde hubiera ojos dispuestos a verlos.
Facilito al Licenciado Javier Díaz, las obras de Maestro Galloza, para que se organizarán muestras en: Semana Criolla dentro del Pabellón Indigenista Afrodescendiente, en el Instituto Nacional de la Juventud INJU y en distintos espacios comunitarios.
Gracias a Guadalupe, nuevas generaciones conocieron al maestro.
Cien años, una sola convicción
Los años posteriores confirmaron lo que la comunidad ya sabía. En 2022, el Museo del Carnaval presentó una muestra en su honor.
Pintor de negros, se definía él mismo con orgullo y sin eufemismos. Rubén Darío Galloza entendió desde joven, rescatar la cultura afro no era un gesto estético, sino un acto de justicia histórica.
Pintó el tambor cuando el tambor era ignorado. Propuso las Fiestas Negras cuando la comunidad resistía en los márgenes.
Pintó, durante más de cincuenta años, para que nadie pudiera decir que no sabía cómo vivían, cómo bailaban, cómo rezaban y cómo amaban los afrouruguayos.
Un tema de candombe destacado es Barco Negro, una composición que refleja la profundidad de su conexión con la historia y la esencia de la comunidad afrodescendiente: "esclavos de su ambicio... odioso barco negrero. Hay que pena que me das, maltrataste a mi raza sin piedad.."
Hoy, a un siglo de su nacimiento y a 70 años de aquellas Llamadas que ayudó a parir, ACSUN mantiene en alto su bandera de revindicación de la cultura y los derechos de las personas afrodescendientes en Uruguay.